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Acerca de Pierre Vilar, Elena Odena y Stalin

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 En una de las páginas de su Anti-Moa , el señor Reig Tapia se pregunta ingenuamente si la izquierda actual reivindica, por ejemplo, a Stalin, mientras que un sector importante de la derecha sigue reivindicando a Franco{49}. De lo que no hay duda es que una cierta izquierda sigue reivindicando a Fidel Castro; ahí está para demostrarlo el libro de Ignacio Ramonet, Fidel Castro. Biografía a dos voces ; y que no pocos representantes de esa izquierda «caviar» se extasían ante la figura de Ernesto Che Guevara. Sin embargo, Reig Tapia olvida, no sé si ignora, que algunos de sus maestros fueron apologistas hasta el final del líder soviético. Ese fue el caso de Pierre Vilar, un historiador merecidamente célebre por su obra Cataluña en la España moderna . Vilar fue siempre un marxista-leninista convencido, que consideraba como elementos esenciales de su proyecto político «el análisis de los lugares de acumulación y la crítica a la democracia formal ». El 17 de diciembre de 1984 intervino en la presentación de las Obras Completas de Stalin, valorando, sobre todo, su labor como teórico de la cuestión nacional. Para Vilar, los planteamientos stalinianos equivalían «en el campo del análisis histórico» a «las ecuaciones fundamentales en el campo de la Física». Y añadía: «Si no se tiene presente en todo momento, no se entiende nada ni de la cuestión nacional, ni siquiera de toda la historia del siglo XX, siglo de liberaciones nacionales, de la descolonización». Y es que, siempre según el historiador galo, los planteamientos stalinistas sirvieron, además, para establecer «un nuevo tipo de relación entre pueblos y poderes revolucionarios, y asegurando un nivel de desarrollo completamente distinto del que los imperialismos burgueses permitían a los territorios de sus colonias». «Si las cosas fueron así, es el pensamiento de Stalin, en este dominio el que lo permitió». Su valoración positiva se extendía al campo de la economía. Su libro Los problemas económicos del socialismo en la URSS era, para Vilar, una «obra fundamental», donde el dirigente soviético «aconsejaba la educación política y dibujaba un porvenir donde todos los hombres podrían tener numerosas posibilidades, cambiar de oficio para disfrutar de varios tipos de trabajo y volver, con más tiempo, liberados por la técnica, a hacer del trabajo un gusto como lo anunciaba Marx». Idílico. En marzo de 1987, Vilar publicó una introducción a los Escritos políticos de Elena Odena, fundadora y dirigente del PCE (m-l), figura en la que veía no sólo «una personalidad excepcional», sino la personificación de «la vida». Y destacaba su fidelidad «a los tres pensadores, a los tres creadores revolucionarios, Marx, que previó la revolución, Lenin que hizo la revolución, Stalin que construyó la revolución y la salvó, ganando la guerra contra los fascismos». Y concluía: «Desde hace treinta años, la burguesía internacional, a través de los grandes medios de comunicación, pretende establecer que la contradicción fundamental de las sociedades no se sitúa entre las clases explotadoras y clases explotadas, sino entre «democracia» (por muy formales que sean) y «totalitarismo» (como si todas las dictaduras fueran iguales). Elena Odena se negó a asimilar Stalin con Hitler y Enver Hoxha con Pinochet. Para ella, por supuesto, esto era una certidumbre política ». No resulta extraño que Vilar se mostrara nostálgico de la España revolucionaria de los años treinta, a la que consideraba con «un nivel de modernidad» superior a Francia; y que diera su apoyo a la autodeterminación de las Vascongadas y de los «Países Catalanes»{50}.

¿Revisionismo histórico en España?

Pedro Carlos González Cuevas

Tomado de: El Catoblepas; ISSN 1579-3974

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Un texto de muchos nombres propios y poca sustancia. Y la poca, ciertamente reaccionaria.

 

 

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