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Ay qué joder con el Jesús del Gran Poder

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¡Ay qué joder, ay que joder, el poder... de la memez!
Le arrancaron el brazo, de cuajo, ¡ay qué dolor! ¡ay qué dolor que de cuajo el brazo le amputaron a Jesús del Gran Poder! Y prensa, radio y televisión, todos a mano, lo destacaron en primer plano.
¡Ay qué joder! ¡Ay qué joder! el poder de trascender que tiene este señor Jesús del Gran Poder, al que de cuajo le segaron el brazo. Las gentes lloraban, plañían, sollozaban, gemían, lagrimeaban... y se mesaban los cabellos por ello.
¡Ay qué dolor! ¡Ay qué dolor! que el brazo de cuajo le cercenaron a Jesús del Gran Poder. Y televisión, radio y prensa en primer plano se lamentaron, lo deploraron, gimotearon, lloriquearon...
Y luego, allí estuvieron, cuando el brazo amputado fue colocado en su lugar. ¡Ay qué joder! ¡Ay qué joder! el poderío de Jesusito, el del Gran Poder, al que, un brazo, de cuajo, le suprimieron, se lo arrancaron... 
Le desgajaron el brazo a la talla de madera de Jesús del Gran Poder que así se llama el fantoche, el títere, el monigote.
Y como decimos los medios de comunicación allí acudieron prestos al acto de la restauración. Las gentes lloraban... de alegría y le besaban las manos llenas de costras o de cascarrías a la talla, al fantoche, al títere, al monigote...
Y yo me pregunto ante tanta dramatización, ¿qué hubiera ocurrido si a la talla, al fantoche, a la imagen, al muñeco, al títere, al monigote, en vez del brazo le rebanaran de golpe el cogote?
¡Ay qué joder, ay que joder, el poder... de la estupidez!
¡Ay qué joder, ay que joder, el poder... de la memez!
Le arrancaron el brazo, de cuajo, ¡ay qué dolor! ¡ay qué dolor que de cuajo el brazo le amputaron a Jesús del Gran Poder! Y prensa, radio y televisión, todos a mano, lo destacaron en primer plano.
¡Ay qué joder! ¡Ay qué joder! el poder de trascender que tiene este señor Jesús del Gran Poder, al que de cuajo le segaron el brazo. Las gentes lloraban, plañían, sollozaban, gemían, lagrimeaban... y se mesaban los cabellos por ello.
¡Ay qué dolor! ¡Ay qué dolor! que el brazo de cuajo le cercenaron a Jesús del Gran Poder. Y televisión, radio y prensa en primer plano se lamentaron, lo deploraron, gimotearon, lloriquearon...
Y luego, allí estuvieron, cuando el brazo amputado fue colocado en su lugar. ¡Ay qué joder! ¡Ay qué joder! el poderío de Jesusito, el del Gran Poder, al que, un brazo, de cuajo, le suprimieron, se lo arrancaron... 
Le desgajaron el brazo a la talla de madera de Jesús del Gran Poder que así se llama el fantoche, el títere, el monigote.
Y como decimos los medios de comunicación allí acudieron prestos al acto de la restauración. Las gentes lloraban... de alegría y le besaban las manos llenas de costras o de cascarrías a la talla, al fantoche, al títere, al monigote...
Y yo me pregunto ante tanta dramatización, ¿qué hubiera ocurrido si a la talla, al fantoche, a la imagen, al muñeco, al títere, al monigote, en vez del brazo le rebanaran de golpe el cogote?
¡Ay qué joder, ay que joder, el poder... de la estupidez!

 

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