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Balada Khasonké de Diudi

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Doncellas, cuyas miradas bien saben hacer latir el corazón de los hombres más reservados, vosotras podéis, con los ojos, causar más daño que el fusil cargado hasta la boca y dar más placer que la vista del Río (sic) después de una larga marcha por el desierto, escuchad la historia de Diudi, que murió de amor.

Guerreros que hacéis temblar al enemigo, que os precipitáis sobre él con el ímpetu del Río (sic) después de la primera tormenta, vosotros cuyo valor defiende a las doncellas de la servidumbre y abusos de los invasores, escuchad la historia de Sega, que murió de amor.

Bakari era un gran rey, que gobernaba en todo el Bakunú. Su nombre era venerado por todos los habitantes de cien aldeas y causaba terror en sus enemigos, porque poseía gran número de valientes guerreros cuya bravura era irresistible.

El tata de Bakari era una gran fortaleza donde tenía gran número de esclavos, armas, telas, víveres y oro en cantidad. Porque Bakari el jefe más poderoso del país.

Bakari poseía todos la riquezas, pero lo que tenía de más precioso, era su hija, la bella Diudi.

¡Guerrero!, tú que nunca has temblado delantre de la azagaya de tu enemigo, hubieras temblado delante de los ojos de Diudi. Hubieras seguido su mirada temblando. Hubieras sido el más feliz de los hombres si ella te hubiera sonreido. Hubieras querido morir si te hubiera desdeñado.

Porque era muy bella, Diudi. Todas las muchachas de su aldea eran bellas, pero, cuando Diudi aparecía, ya nadie las miraba. No se contemplan más las estrellas cuando se ha elevado el sol.

Todos los jóvenes del país, y hasta de muy lejos a la redonda, estaban enemorados de Diudi. Cada uno hubiera querido su amor. Pero Diudi es severa; ella sólo amará al más hermoso, al más bravo, al más amante.

¡Vamos, jóvenes guerreros!, ¿cuán de vosotros será amado por Diudi?

Diudi es bella como el sol naciente. Diudi es ágil como la gacela. Diudi tiene la mirada que hacer perder la memoria y temblar al hombre más resuelto.

Cuando diudi canta, cada uno está embelesado. Si Diudi habla, todos los jóvenes callan y ya no saben hablar más.

¡Vamos, jóvenes guerreros!, ¿cuán de vosotros será amado por Diudi?

Es a Sega a quien Diudi ama; ella que hace temblar de emoción a todos los jóvenes, se conmueve cuando lo encuentra. Y Sega, que es el más hermoso, el más bravo, el más amante de los guerreros, se apega a sus pasos.

Sin que su voz le diga nada, sus ojos le dicen cosas que los hunden en un éxtasis a los dos.

Sega ama a Diudi, Diudi ama a Sega. Guerreros, perded toda esperanza. Diudi será de Sega, Sega será de Diudi. Durante la vida, durante la muerte.

Diudi ama a Sega, Sega ama a Diudi. Nunca se han hablado, se han visto una vez y ya saben todo lo que tienen de amor el uno para el otro.

Nadie los ha visto, nadie sabe que se conocen, y sin embargo, Sega pasa largas horas junto a Diudi.

Diudi ama a Sega, Sega ama a Diudi. El amor sabe reunir a los amantes al mismo tiempo que ciega y vuelve sordos a los que cuidan de las doncellas.

Sega ama a Diudi, la hija del Rey. Pero él es pobre, de nacimiento oscuro; no podrá pretender ser su esposo. ¡Qué importa! Sega y Diudi no han pensado en eso para amarse. Su amor nació sin que lo supieran. Sólo lo conocieron cuando era inmenso y los dominaba totalmente.

Los amantes no piensan en el futuro, se aman y eso es todo. Cuando están juntos, nada desean; todo el resto del mundo les es indiferente.

Sega ama a Diudi. Diudi ama a Sega.

Se ven todas las noches. Son felices. Nadie conoce su amor; nada estorba su pasión; no piensan en el futuro.

Pero, ¡ay ay!, la felicidad sólo tiene un día, la desgracia dura toda la vida.

¡Llora, Diudi! ¡Llora, Sega! He aquí que la desgracia se va a precipitarse sobre vosotros. Vuestro amor es tan grande que os hará morir.

La guerra es declarada. Avanza el enemigo, quemando las aldeas, matando los hombres, llevándose cautivas a las mujeres, robándole las cosechas y los rebaños. Los buitres lo siguen porque de comer abundantemente por doquiera que pasa.

Los bámbara invaden el país. ¡Bakari, cuidado! Está próxima la muerte si no sabes defenderte.

Los bámbara son crueles. Matan a los guerreros. Esclavizan a los niños. Fuerzan a las mujeres. ¡Cuidado, Bakari!

Bakari hace sonar el tam-tam de la guerra.

¡Acudid, jóvenes guerreros! De todas partes arriváis con fervor; tenéis vuestros grisgrís, que os hacen invulnerables. Tenéis vuestros fusiles cargados hasta la boca. Tenéis pólvora en abundancia.

¡Acudid, jóvenes guerrerfos! ¡Hay que defender al país! ¡Cuidado!

Los bámbaras fuerzan a las doncellas; pero vosotros, que sois más bravos que los bámbaras, sabréis quitarles sus mujeres, sus hijas.

Los bámbara son ricos, pero les quitaréis sus rebaños, sus armas, su oro.

Los guerreros acuden, Y Sega es el primero de todos. Está irreconocible. Era dulce, suplicante, tembloroso de emoción ante Diudi. Pero, con las armas en la mano, es formidable.

Sega es un simple y oscuro guerrero por su extracción, pero es tan fuerte, tan bravo, tan osado que de pronto, se convierte en jefe. Arrastra a sus amigos al combate. Es el más bravo, el más osado. Sus amigos lo siguen y lo obedecen. Sega es un gran jefe.

Diudi llora, teme por la vida de Sega, se aflige y busca ocultar su dolor. Pero Bakari se da cuenta de que Diudi está triste.

-Dime Diudi, ¿cuáles son tus penas?

Pero Diudi permanece callada. No le dirá a nadie que ama a Sega.

Transcurre el tiempo; la guerra continúa, y Diudi se aflige.

Teme por la vida de Sega, pero he aquí que otros dolores van a asaltarla.

Diudi, ponte el brazalete en el tobillo. Diudi pronto serás madre.

Diudi tendrás un hijo que se parecerá a Sega. ¡Cuidado, Diudi!, tu padre, Bakari, está furioso. Bakari quiere saber quién es el temerario que osó acercarse a ti.

¡Morirá ese temerario! La hija del rey sólo puede ser amada por un rey. El que la sedujo debe morir.

-Diudi, dime, yo te lo ordeno, ¿quién te robó el corazón? Te juro que morirá.

Sabré alcanzarlo en cualquier parte. Ha deshonrado a mi hija, y morirá.

Diudi, dime su nombre, dime quién es ese hombre.

-Padre, ese a quien amo es bello como el sol. Bravo como el león. Sabio como un anciano. Pero no os diré su nombre. No debe morir; debe ser vuestro querido hijo, en espera de ser vuestro sucesor.

-Diudi, me dirás su nombre, yo sabré obligarte. Quiero hacerlo morir. Te encerrarán; sufrirás todos los dolores. Te privaré de alimento. Te haré soportar todas las torturas para obligarte a decirme su nombre, porque quiero hacer morir al que ha deshonrado a mi hija.

Diudi, dime el nombre de tu seductor.

-Padre, ese a quien amo es bello como el sol. Bravo como el león. Sabio como un anciano. Pero no os diré su nombre. No debe morir; debe ser vuestro querido hijo, en espera de ser vuestro sucesor.

-Diudi, me dirás el nombre; yo sabré obligarte. Te haré morir de privaciones y de torturas si no me lo designas para que lo haga morir.

Pero Diudi no dirá su nombre. Diudi repite cada día: 'Mi amante es bello como el sol. Bravo como el león. Sabio como un anciano.'

Diudi padece hambre. Diudi es encerrada en un calabozo oscuro. Diudi se atormenta. Diudi muere repitiendo: 'Mi amante es bello como el sol. Bravo como el león. Sabio como un anciano.'

Pero Diudi no reveló el nombre de ese a quien ama.

Sega realiza prodigios. Las bámbara retroceden, y él los persigue con ardor.

Sega es un gran jefe, él es quien dirige a todos. Es osado con su persona. Es prudente en su consejo. Sorprende siempre al enemigo y no se deja nunca sorprender.

Es Sega quien a vencido a los bámbaras. Sega es un gran jefe.

Bakary felicita a Sega, es Sega quien ha vencido a los bámbaras. Bakary está contento, abraza a Sega. 'Dime, bravo guerrero, ¿qué quieres de recompensa? Eres un gran jefe. Eres mi igual. Dime lo que deseas; juro que te lo concederé'.

-Gran Rey, amo a alguien que no veo aquí. Gran Rey, estoy dispuesto a regresar al combate si hay que matar a otros enemigos, correr nuevos peligros, obtener de nuevo victorias para tu grandeza.

Gran Rey, si quieres hacerme dichoso, dame a Diudi en matrimonio.

Diudi a la que amo y que es la más bella, la más dulce, la más amante de las doncellas. Gran Rey, amo a Diudi.

-¡Ay, ay! Diudi ha muerto. Ha muerto de amor sin querer revelar el nombre del que amaba; del que es bello como el sol. Bravo como el león. Sabio como un anciano.'

¡Sega!, Diudi ha muerto, muerta de amor mientras combatías contra los bámbaras, mientras te cubrías de gloria, y obtenías la victoria. Diudi ha muerto de amor.

Sega se aflige. Sega se ha desvanecido como una mujer al recibir la funesta nueva. Sega no desea nada, no pide nada, sólo piensa en Diudi. Arroja sus armas, su botín, queda sordo a todas las felicitaciones; ya no escucha los gritos de alegría. Corre a la tumba de su amada, y allí muere de dolor llamando a Diudi, a su querida Diudi, que murió de amor.

Guerreros que hacéis temblar al enemigo y que os precipitáis sobre él con el ímpetu del Río después de la primera tormenta, vosotros cuyo valor defiede a las doncellas de la servidumbre y del abuso de los invasores, escuchad la historia de Sega, que murió de Amor.

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(Tomado de la antología 'Poesía Anónima Africana' tomo I de Rogelio Martínez Furé; poema nº 66 'Balada Khasonké de Diudi', pag. 104; editorial Arte y Literatura, Ciudad de la Habana, 1985)

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