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Carson McCullers: El amor es cosa de dos

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Por principio, el amor es una experiencia habitual a dos seres humanos. Aunque el hecho de ser una experiencia general esto no quiere decir que sea semejante para las dos partes concernientes. Existe el amante y también el amado, y cada uno de ambos desciende de territorios peculiares. Con harta frecuencia, el amado no es más que un acicate para el amor almacenado mucho tiempo en el corazón del amante. El amante se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Descubre por tanto una soledad nueva y extraña, y este hallazgo le hace afligirse. No le queda más remedio que colocar su amor en su corazón de la mejor manera posible; tiene que hacer brotar un nuevo mundo interior, un universo vehemente, insólito y autárquico. Nos van a permitir que agreguemos que este amante, del que nos estamos refiriendo, no ha de ser por fuerza un joven que economiza para un anillo de casamiento; se da en cualquier ser humano que camina sobre la tierra: un hombre, una mujer, un niño.

Y el ser amado puede hallarse bajo cualquier forma. Las personas más insospechadas pueden ser un revulsivo para el amor. Por ejemplo: el caso de un hombre que es ya un anciando que chochea, mas sigue prendado de una chica desconocida que contempló una tarde paseando en las calles de Cheehaw, veinte años atrás. Un evangelizador puede estar enamorado de una prostituta. El amado podrá ser un delator, un imbécil o un corrupto; y el amante sabe de sus taras como todo el mundo, pero su amor no cambia ni un ápice por eso. El ser más vulgar puede ser objeto de un amor impetuoso, extravagante y hermoso como los lirios tóxicos de los pantanos. Un hombre bueno puede despertar una pasión arrebatada y baja, y en algún corazón puede brotar un cariño tierno y sencillo hacia un loco iracundo. Es sólo el amante quien precisa la valoración y esencia de todo amor.

Por todo esto, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas desean ser amantes. Y lo cierto es que, en las profundidades de cada uno, el transformarse en amados aparece como algo intolerable. El amado teme y odia al amante, y con razón, pues el amante está siempre anhelando desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le origine más que sufrimiento.

Carson McCullers en 'Cántico del café triste'.

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