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Eloy Martín: Los sones negros del flamenco -III-

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III. El testimonio dramático 

Establecer qué bailes y cantes de origen africano formaron parte del acervo musical hispano en los siglos XVI y XVII es tarea harto complicada. Sin embargo, en fecha tan temprana como la segunda mitad del siglo XV aparecen las coplas "a los negros y negras" de Rodrigo de Reynosa, que incluyen el baile guineo. Sebastián de Covarrubias destacaba de los bailes guineos su "agilidad y presteza", definiéndolos en 1611 como "una cierta dança de movimientos prestos y apresurados; pudo ser fuesse trayda de Guinea, y que la dançassen primero los negros". Francisco de Quevedo destacó el "meneo de los guineos", al igual que Juan Bautista Diamantes, en su entremés "El Figonero". Posteriormente, el "Diccionario de Autoridades", aparecido entre 1726 y 1739, decía al respecto: "Cierta especie de baile ú danza mui alegre, y bulliciosa, la qual es mui freqüente entre los Negros". Eugenio de Salazar, en el siglo XVI, daba cuenta de uno de tales bailes guineos, el Gurumbé, que también aparecía en el "Baile entremesado de negros" de Francisco de Avellaneda y en la "Mojiganga que se hizo en Sevilla en las fiestas del Corpus de 1672". En otras piezas figuran bailes con otros nombres, aunque posiblemente se refieran al anterior: Gurrumé ("Mojiganga de la gitanada"), Galumpé y Gurujú de Guinea, "bailado a lo andaluz" ("Nacimiento de Cristo" y "La isla del Sol" de Lope de Vega, respectivamente). El Zarambeque fue un baile generalmente aceptado como de origen africano, tal como reconocía en 1739 el "Diccionario de Autoridades": "Tañido, y danza mui alegre, y bulliciosa, la qual es mui frecüente entre los negros". Para Cotarelo, el guineo y el zarambeque eran lo mismo, mientras que para A.Larrea, también era conocido como zambí, no faltando quien lo identificaba como el zumbé (¿cum­bé?), como sucede en el entremés "Los gorrones". En todo caso, el zarambe­que tuvo indudable éxito en la segunda mitad del siglo XVII, tal como se demuestra por su aparición en diversos entremeses y demás piezas: "El Portugués", "Niño caballero", "La fiesta de Palacio", "El parto de Juan Rana", baile de los "Borrachos", "La boda de Juan Rana", "Las Naciones", "El Retrato de Juan Rana", "Los Sones", "El Sacristán Berengeno", "El colegio de los Gorrones", "Sainetes del Matemático", "El zarambeque de Cupido", "Auto de la Nave" (atribuido a Calderón de la Barca), "El primer duelo del mundo", "Mojigangas del Zarambeque" y "Mojiganga del Mundi Nuevo". En el siglo XVIII Fernando de Castro lo incluyó en el fin de fiesta "Doña Parva Materia", así como en el entremés "El destierro del hoyo" y Ramón de la Cruz lo hizo cantar por un coro de "negritas". Es posible que también fueran de origen africano aquellos bailes referidos a la etnia mandinga. Sirva de ejemplo "La pícara Justina" donde se menciona la "jácara al uso de la mandilandinga". En el baile "El rechazo" encontramos una alusión al estribillo de origen africano "¡Ye, Ye", que también aparece en el "Entremés del niño caballero". El Cumbé, baile originario del Golfo de Guínea que algunos identificaban con el zarambeque, fue definido de la siguiente manera en el "Diccionario de Autoridades": "Baile de negros, que se hace al son de un tañido alegre, que se llama del mismo modo, y consiste en muchos meneos de cuerpo à un lado y à otro". En la mojiganga de "La burla del papel" se nos informa de su aceptación entre los jóvenes. Otros bailes y cantes también pudieron tener un origen africano, máxime si tenemos en cuenta que fueron negros reales o fingidos quienes lo ejecutaron en escena. Entre los ejemplos disponibles: "Entremés del platillo", "En la fiesta del Santísimo Sacramento", "A lo mismo", "En la Fiesta de la Adoración de los Reyes" (las dos últimas piezas de Luis de Góngora), "Mojiganga de la negra", "Mojiganga del Mundi Nuevo", entremeses "El borracho" y "Los negros de Santo Tomé". En el siglo XVIII aparece en el "Entremés segundo del negro". A la chacona le atribuyen un origen afroamericano Cervan­tes, Quevedo ("chacona mulata"), Simón Aguado ("Entremés del pasillo" y "El Entremés de los negros") y Jerónimo Salas Barbadillo ("El Prado de Madrid y el baile de la Capona"). Es posible que con el gateado ocurra lo mismo: Lope de Vega en su comedia "El premio del bien hablar" alude a una mulata aficionada al gateado. Ocurre lo mismo con el "Baile de la Gayumba", el baile "Retambo", mientras que la "Mojiganga del Folión", de fines del siglo XVII, incluye un "baile gracioso americano". Entre los instrumentos utilizados por los negros en sus bailes y desfiles procesionales figuran los de indudable origen africano como los tambores (tamborcillos, tamborilillos, atabalillos y tamboriles) y los de origen europeo como la guitarra. Posiblemente, el más acabado ejemplo del amor de los negros por la guitarra lo proporciona Miguel de Cervantes en "El celoso extremeño". Además, panderetas, sonajas, castañuelas, zambombas, etc. También fue utilizada la escoba, para con su son animar la "mulata chacona". Más insólito e interesante es el hecho de que en "La fragua del amor" aparezca un negro cantando y bailando en una fragua acompañando con la percusión de martillos. Del colectivo de esclavos surgió un grupo de músicos profesionalizados en mayor o menor medida. Las referencias, aunque escasas y algo imprecisas, tienen un enorme interés. En 1590, Leonor Rija y cuatro mulatas habían participado en la procesión del Corpus sevillano, actuación que les reportó el cobro de ochenta doblones. Unos años más tarde, en 1618, fue enterrado en el cementerio de la iglesia del barrio sevillano de San Bernardo un mulato conocido por “Juan Coplilla”, lo que posiblemente indique su oficio, o al menos su afición. "Dos negritos verdaderos" fueron los animadores del baile que se celebró en 1660 en el Palacio Real. La mulata María de Córdova y de la Vega, Amarilis, que recitaba, cantaba, tañía y bailaba, fue una de las comediantas más célebres del siglo XVII. Una carta del deán del cabildo de Alicante, Manuel Martí, fechada en Cádiz en 1712, ridiculizaba el fandango: "No solamente le honran las negras y las personas de baja condición, sino también las mujeres más nobles y de encumbrado nacimiento". Debe ser merecidamente resaltado el anuncio aparecido en 1759 en un diario madrileño de la venta de un negro del que se destacaban sus habilidades musicales: "sabe ... tocar el Clarín, la Flauta dulce y travesera". En definitiva, es indudable que los ritmos africanos fueron conocidos en España con anterioridad a su ida forzada a América. Al menos desde el siglo XIV los esclavos negros lo habían ido introduciendo en las ciudades bajoandaluzas y en las de la fachada mediterránea española. Lope de Vega reconocía en su comedia "Los nobles como han de ser" la participación de los negros en la mezcla de músicas que se producía en los puertos bajoandaluces: "Flamencos, indios y negros / y la nación española, / risueños bailando muestran / sus alegrias notorias". Quiñones de Benavente, en "Los alcaldes encontrados" (1635), hacía explicar a un cómico el secreto del éxito de los negros: "Cantando están de lo fino, bailando van de los nuevo, juntando en dulce armonía, gracia, baile, tono y versos". Por su parte, Simón de Aguado en 1602 ponía en boca de una negra una frase que (aunque no se refería a la música), resumía, a mi entender, la contribución de la música negra (la aprendida en la tierra de nacimiento de los esclavos) a la andaluza (la originaria enriquecida con el forzado contacto de la música europea): "Manicongo nacimo, Seviya batizamolo". 

Tomado de la red, no sé de donde, hace tiempo. Mirado ahora todo me remite a 'La Factoría' sin encontrar el artículo completo.

http://www.revistalafactoria.eu/restrict.php?tipo=articulo&id=157


 

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