Avisar de contenido inadecuado

Eloy Martín: Los sones negros del flamenco -V-

{
}

V. La aclimatación del tango 

Los tangos parecen protagonizar este proceso. Aunque las dificultades para establecer su origen son evidentes, existen testimonios que sitúan su nacimiento en La Habana (al menos en su forma moderna) a comienzos del Ochocientos. Otro testimonio, esta vez de 1814, señala la presencia de bailes conocidos como tangos en Cádiz, mientras que en 1821 se bailaba en los escenarios de Barcelona las "boleras del tango". Paulatinamente se cantaron casi por toda la península. En 1847 se editó en Cádiz una zarzuela que hacía alusión a "mis tangos de Sevilla". Un año más tarde el “Semanario Pintoresco Español" publicaba un artículo en el que se citaban "los perezosos compases del punto de la Habana o en los salvajes gritos del tango". De 1849 es el texto de una carta que abundaba en la temprana aclimata­ción del tango americano en Cádiz y Sevilla, fenómeno que corroboraba el Diccionario de la Real Academia Español al acoger el vocablo tango en 1852. Diez años más tarde, Davillier daba cuenta de una fiesta en Triana en la que una joven gitana "bailó el tango americano con extraordinaria gracia. El tango es un baile de negros que tiene un ritmo muy marcado y fuertemente acentuado". En la plaza de toros sevillana el mismo autor presenció una corrida en la que intervino una cuadrilla de negros ("súbditos del rey Congo"), los cuales " hicieron su entrada bailando la ‘sopimpa’, un baile negro cuyo ritmo marcaba la orquesta, ejecutando después otras danzas de su país, como el ‘cucullé’ y el ‘tango americano' ", ritmo éste último que fue coreado por el público. Finalmente, también estuvo presente en una reunión de los trabajadores de una bodega jerezana en la que se cantaron "las coplas del ‘Tango americano’, una de las canciones más populares de Andalucía". Posteriormen­te, en 1886, tenemos noticias de un cuadro flamenco Sevilla no compuesto por seis cantaores que incluían en su repertorio los tangos, así como un numeroso grupo de sevillanas que cantaron "muy graciosos tangos, que nacidos en tierras americanas, aquí han tomado carta de naturaleza". Un año más tarde, y en una fiesta flamenca celebrada en Sevilla, sabemos de "una hermosa mujer que se ‘bailó’ unos tangos y unas seguidillas gitanas".A la vista de lo expuesto puede aventurarse que en la década de los cuarenta se produjo la popularización del tango, lo que favoreció su inclusión por parte de los autores de zarzuelas para aprovechar del favor del público. En pocos años se difundieron extraordinariamente los tangos en Sevilla, Cádiz, Jerez, Sanlúcar de Barrameda, Almería, Córdoba, Madrid, Barcelona, Lérida y hasta Sant Feliu de Guíxols: Tango americano, Tango de los Negros, Tangos del Cucoyé, Tango del Chorli­to, Tangos de Las viejas ricas de Cádiz, Tangos de la flamenca, Tango del Sangá, Sangá, Tango del caracolillo, etc. Aunque no con tanto éxito, el punto de La Habana, las guajiras (1874 y 1789), las habaneras (1865, 1867, 1868, 1876, 1877, 1880, 1883 y 1885) también estuvieron presentes en los escenarios y reuniones festivas de Sevilla, Cádiz, etc. Pocas son las noticias sobre los afroamericanos, negros o mulatos, que en España interpretaron tales cantes y bailes. En 1859 la prensa sevillana daba cuenta de "un negrazo que anda bailando la ‘manduca’, acompañándose de tales gestos, visiones y meneos, que no pocas personas vuelven la cara a otro lado avergonzadas de presenciar tales y tan grotescos ademanes". Posteriormente, en 1875 el "célebre flamenco mulato Meric" ­cantó "El tanguito llamado Cangu, Cangu" en Jerez. En 1879 un bailarín negro que actuaba en Madrid, Chirwing, interpretaba unas supuestas peteneras. En la década de los ochenta se detecta la actuación de los enigmáticos "Tres negros bemoles". No menos interesante es el testimonio de Pepe el de la Matrona sobre un personaje popular de Sevilla que "tocaba el pito. El Negro Vega se vino de Cuba -cuando la guerra de Cuba con Jaramillo-, y tenía un oído". Paralelamente, numerosos cubanos estuvieron en España y dieron a conocer, de una u otra forma, sus cantes. Un funcionario del presidio de Ceuta nos dejó la siguiente observación: "allí vivían en 1873 los insurrectos, cubanos, casi todos los condenados a cadena perpetua. Estos infelices, a quienes el mundo oficial de Ceuta miraba por encima del hombro, cultivaban un pedazo de terreno dentro de murallas, y le hacían producir lindamente, labrándolo al son de populares ‘guajiras’ saturadas de odio a España". Uno de los más afamados "guapos" del penal ceutí fue el Negro Dolores, con un largo historial de homicidios cometidos en La Habana. Con anterioridad, en 1848, se publicaron en La Habana las décimas de "El Negro José del Rosario", que narraban las visicitudes del protagonista, un negro curro o valentón, en el penal de Ceuta. En resumidas cuentas, no se puede ignorar la aportación de la música africana de los esclavos y libertos negros y mulatos en la España de los siglos XVI, XVII y XVIII. Tampoco se puede ignorar que a lo largo del último siglo citado y, especialmente, del Ochocientos fueron llegando a la península, sobre todo a Andalucía, los ritmos afroamericanos, los cuales revitalizaron la música africana que se encontraba en peligro de desaparición, en paralelo al declive de la población esclava en la península. 

Tomado de la red, no sé de donde, hace tiempo. Mirado ahora todo me remite a 'La Factoría' sin encontrar el artículo completo.

http://www.revistalafactoria.eu/restrict.php?tipo=articulo&id=157

 


 

{
}
{
}

Deja tu comentario Eloy Martín: Los sones negros del flamenco -V-

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre