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Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -1- (*)

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Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -1- (*)

1º. Teliniemi (1)

Al atardecer de un día, cuando no hacía mucho que un grupo de rojos había pasado por la granja a pedir un caballo, esa misma tarde que Kierika sacó la conclusión de que los asuntos no iban bien para los rebeldes, Silja se hallaba en un prado que estaba al norte de la granja. Movida por el instinto se fue por el camino adelante. Y al poco oyó unos pasos y a continuación vio a un hombre en el recodo de la carretera. La chica se detuvo para después reanundar su camino algunos metros.

-¿Eres Silja? -preguntó una voz que le pareció conocida. Un hombre se acercaba hacia ella deprisa y acezando.

-El frente se ha roto... Los rojos huyen... Los blancos no dan cuartel. No puedo marcharme, porque todo anda mal en mi casa... Cuando pasen los primeros momentos podré, espero, salvar mi vida... Necesito mientras tanto ocultarme por un tiempo cerca de mi casa... Si me encuentran estoy perdido, pues yo fui quien acompañó a los que mataron a Kurkela. Yo no intervine en ello, tu eres testigo... pues me viste volver... Escucha, Silja, voy a esconderme en el henil de Kierikka... avisa a mi mujer que me lleve a escondidas pan y leche... ¿Lo harás?... Si salgo vivo de aquí me acordaré de ti toda mi vida. Ahora, vete. Podrán notar tu ausencia...

Muy asustado Teliniemi, antes tan jovial, se fue mirando a todas partes.

Después de aquella noche en la cual los rojos huyeron, pasó todo un día en que no hubo en el pueblo ni rojos ni blancos. Y los habitantes del pueblo tuvieron más miedo. Nadie osaba salir de casa. Aunque se vio a la viuda de Kurkela ir en un vehículo a la aldea, vestida de negro, toda de negro, y con una mirada de odio contenido en el rostro. 'Deseo ver a los blancos inmediatamente para narrarles el asesinato y todas las tropelías de los rojos'. El ama de Kierikka la vio pasar y experimentó una vaga sensación repulsiva por aquella hembra que parecía de otra clase que ella.

Silja observó también el paso de la propietaria de Kurkela; y sin decir nada a nadie fue a llevar el recado a la mujer de Teliniemi. En la cabaña estaba todo muy mal, tal y como había dicho el marido. Emma se encontraba en visperas de parir y uno de sus vástagos tenía tos ferina; dio las gracias a Silja por el favor que le había hecho.

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(*) El título es nuestro

(1) La división en capítulos también es nuestra

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(Tomado de la novela 'Silja' de Frans Eemil Sillampää, Premio Nobel de Finlandia

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