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Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -2- (*)

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2º. Con brazalete y fusil

Mas tarde Silja tuvo una aventura que le recordó algo aquella otra de hacía siete semanas, cuando guió a dos desconocidos. El pueblo no permaneció por mucho tiempo en aquel estado angustioso de paz durante el cual no se oyeron disparos ni visto fusiles. Las avanzadas blancas llegaron pronto al hogar de Rinnie, donde acudieron sin tardanza los propietarios más importantes, para explicar la situación en la que se hallaban y quejarse de las requisas rojas y de paso delatar a los líderes de la comarca, señalar sus domicilios y, si lo sabían, apuntar con el dedo el sitio donde se ocultaban. Sin embargo los soldados no prestaban atención a las quejas solo querían saber de los asesinatos cometidos por los rojos. Si se les señalaba a una mujer como peligrosa agitadora, acudían los soldados a buscarla. La esposa de Rennie, que huyó con su hombre, fue detenida cuando volvió a su casa.

En cuanto se comentó la muerte de Kurkela, alguien declaró que Teliniemi había acompañado a los asesinos. También hablaban de una tal Silja, que era una criada en Kierikka, como probable guía, pues había pasado la noche en el Estado Mayor, de donde salió por la mañana temprano con un rojo notable. De modo que, inmediatamente, se llevó a cabo un registro en la casa de Teliniemi, y esos mismos se fueron luego a Kierikka, donde ya habia algunos blancos.

Muchos campesinos que durante la revuelta obrera habían estado pacíficos e incluso habían invitado a los jefes rojos, se transformaron, de improviso, en fervorosos y decididos 'saneadores' de la tierra.

Provistos de un brazalete y con fusil al hombro, iban en grupos de dos o tres, o en compañía de los soldados, para inspeccionar las aparcerías y las granjas. Así fue como Santala, el propietario de la granja hacia donde se había dirigido Silja y Manta cuando partieron de Siiveri, se ocupó con ardor de limpiar la vecindad, pese a sus turbios antecedentes judiciales, con dos soldados de cara cetrina.

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Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')

(*) El título se lo hemos puesto nosotros

(2) La división en capítulos también es nuestra

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