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Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -8- (*)

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8º. Silja se salva

El capitán fue a estrechar la mano de Silja y dijo a los miembros del tribunal:

-Entonces, ¿es a esta buena gente a quien mandáis a la cárcel? Silja nos ha dado muy buenos consejos, y si yo le hubiese hecho la misma promesa que mi compañero, solo me restaría llevarla a casa del apstor. Pero estoy comprometido. En cuanto a Fredstrom descansa atravesado por las balas entre Tampere y Vilpula... Pero de buena nos escapamos entonces; si el centinela rojo no hubiese sido un cretino, aquello habría terminado mal. Pero el rojo aceptó un cigarrillo, y entonces Fredstrom le arrebató el fusil y lo ensartó. Luego pusimos pies en polvorosa... Las dificultades volvieron a empezar al encontrarnos en presencia del centinela blanco, que nos tomó por una patrulla roja y quiso hacer fuego... Tuvimos que levantar las manos... Si, aquella noche Silja se portó muy bien... ¡Gracias!... ¿Y estos hombres?... ¡Toma he aquí al dueño de la granja!... Oiga, su mujer es bastante desagradable. A ella tendrían que haberla traído aquí, en vez de esta muchacha que merece una recompensa, y, que, desde luego, la tendrá; lo prometo.

Se volvió a examinar el asunto, y Silja habló mucho más que antes. Contó con todo detalle lo que había pasado y después todo lo que sabía de sus amos, que se habían mantenido apartados de la revuelta; era verdad que habían enviado un cerdo a los rojos, pero estos lo habían pagado. Después expuso todo lo que había visto y oído en casa de Rinne y al regresar a Kierikka. Dijo también lo que pensaba de Teliniemi y recordó para sí la escena de la granja. Palideció un poco, lo que incitó a Santala a decir '¡He he!'. Pero recobrándose continuó el relato como si acumulara acusacionres sobre la cabeza de Santala.

-¿Quién es ese individuo? -preguntó el capitán con un tono de voz despreciativo.

El comandante le dijo lo que sabía de Santala, y el capitán añadió:

-Vuélvase a casa, Santala, y no deje su estiércol. Y no vuelva si no le llaman... Ese Teliniemi parece un buen hombre... ¿Dónde está?

Unos creían que había huido. Silja guardó silencio; pero cuendo todo hubo terminado (Kierikka fue condenado a pagar a la caja de los guardias cívicos el importe de su cerdo), pidió permiso para hablar a solas con el capitán.

-Perfectamente. Salgamos y hablaremos por el camino.

*

Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')

(*) El título se lo hemos puesto nosotros

(8) La división en capítulos también es nuestra

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