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Fuego contra la impotencia del poema

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Primero 'rito, luego la medida contra la impotencia del poema'.
¿He dicho en primer término el rito? -prosiguió interrogándose-
Pues si, es necesario para la terminación victoriosa de la tarea.
Ponemos en la mesa cuaderno, tabaco, cenicero y mechero;
abrimos el cuaderno, cogemos la pluma y vamos escribiendo
uno por uno los elementos del poema que queremos resaltar:
banqueros, grandes empresarios, capitanes generales, papas,
jefes de estado muy involucrados en las guerras de rapiña,
organismos nacionales e internacionales consentidores
de las invasiones de territorios y de matanzas de pueblos,
dictadores, genocidas, ladrones, obispos, cadenales...
¿queda alguno? ¿se ha nombrado a todos? No, a todos no:
quedan, por supuesto, los denominados mandos inermedios;
es decir: quedan los gusanos que se arrastran por el suelo.
Ya tenemos el rito y queda la medida contra la impotencia.
¿He dicho medida en segundo lugar? Si, es imprescindible
tras de haberlos encerrado a todos en la cárcel del poema
que tomemos en seguida medidas contra estos criminales:
en un principio juzgarlos ya según las normas de derecho
para que tengan un trato justo que no tuvieron con el pueblo.
Y por fin se les condena, arrugando el papel con la mano,
-no tirarlo a la basura pues saldrían de ella tan panchos-
a que se consuman, en fuego, lentamente, en el cenicero.
Cogemos el cigarrillo, lo prendemos y acercando la llama
al papel lo encendemos para que arda irremediablemente
contra la impotencia de los de los poema contra la realidad.
Primero 'rito, luego la medida contra la impotencia del poema'.
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¿He dicho en primer término el rito? -prosiguió interrogándose-
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Pues si, es necesario para la terminación victoriosa de la tarea.
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Ponemos en la mesa cuaderno, tabaco, cenicero y mechero;
abrimos el cuaderno, cogemos la pluma y vamos escribiendo
uno por uno los elementos del poema que queremos resaltar:
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banqueros, grandes empresarios, capitanes generales, papas,
jefes de estado muy involucrados en las guerras de rapiña,
organismos nacionales e internacionales consentidores
de las invasiones de territorios y de matanzas de pueblos,
dictadores, genocidas, ladrones, obispos, cadenales...
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¿queda alguno? ¿se ha nombrado a todos? No, a todos no:
quedan, por supuesto, los denominados mandos inermedios;
es decir: quedan los gusanos que se arrastran por el suelo.
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Ya tenemos el rito y queda la medida contra la impotencia.
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¿He dicho medida en segundo lugar? Si, es imprescindible
tras de haberlos encerrado a todos en la cárcel del poema
que tomemos en seguida medidas contra estos criminales:
en un principio juzgarlos ya según las normas de derecho
para que tengan un trato justo que no tuvieron con el pueblo.
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Y por fin se les condena, arrugando el papel con la mano,
-no tirarlo a la basura pues saldrían de ella tan panchos-
a que se consuman, en fuego, lentamente, en el cenicero.
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Cogemos el cigarrillo, lo prendemos y acercando la llama
al papel lo encendemos para que arda irremediablemente
en contra de la impotencia de los poemas contra la realidad.

 

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