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Iswe Letu: Congregadores

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Unas preguntas tengo que formularos, a vosotros, los líderes
del mundo que reunís a jefes o amos bajo amplios pabellones:
¿conocéis acaso las dolorosas incubaciones de las revueltas?
¿o tal vez el trabajo de los herreros enredando entre fuegos?
No. De eso no sabéis nada. 
Ni del avance inexorable y silencioso de las selvas en marcha.
Agrupadores de caudillos o dirigentes bajo vastos pabellones,
os perturbáis en vacaciones por un azar de tigres encontrados
mirando con ojazos de ambucia, en el safari, a ese banquero, 
con escopeta al hombro, cuando, ufano, silvaba en sus llaves.
Eso si que os preocupa. Os da miedo. Os conmueve. Os paraliza.
Congregadores de jerarcas o caciques bajo vastos pabellones,
Angustiados, el parpadeo de los batientes retorna a cerrarse
mientras oís el tintineo de las llaves chocando en la moqueta.
Congregadores de varios jerifaltes en mesas circulares de caoba,
conocéis de la vida el brillo metálico de las vajillas de oro y plata 
y el bailoteo de sus brillos en las terrazas al sol de los mediodías
pero las viandas y las bebidas las llevan sirvientas en bandejas.
Y he aquí aquel que silvaba ufano y orgulloso de su poder manual
ya no tiene dinero en las manos para transformar el agua en vino.
Y he aquí que los reunidos se quedan con sus relámpagos ciegos 
mirando, hoscos, hacia el congregador de los jefazos del mundo
 
Unas preguntas podría haceros, a vosotros, los encumbrados del mundo
que reunís a ricos y amos poderosos bajo amplias estancias pero... pero
serían tan vacías para vosotros como insípidas para mi el formulároslas; 
podrían ser estas nada más, solamente estas pocas, por ejemplo, a saber: 
¿conocéis por un casual las estrecheces de las gentes de baja condición? 
¿os imagináis acaso algo de las dolorosas incubaciones de las revueltas? 
¿o del esfuerzo de los herreros machacando el hierro entre sus fuegos? 
-
No. 
De eso no sabéis nada. 
-
Ni de los avances silenciosos e inexorables de las selvas en marcha. 
-
Algún día quizás no existeréis y ese será el día más glorioso de la tierra.
-
Ahora, agrupadores de caudillos o dirigentes bajo vastos pabellones, 
tan solo os perturba, y en vacaciones, un azar de tigres encontrados
mirando sin cesar con ojazos de ambucia, en el safari, a vuestro banquero, 
con escopeta al hombro, cuando, solo y envanecido, silvaba en sus llaves.
-
Eso si que os preocupa. 
Os da un poco de miedo. 
Vuestro ser os conmueve. 
Y, si, acabáis paralizados. 
-
A mi, por el contrario, me es indiferente la certeza de su mano cercenada.
Congregadores de jerarcas o caciques bajo extensos edificios, angustiados,
el parpadeo de esos batientes retorna a cerrarse y a abrirse rapidamente
mientras oís el tintineo de llaves dando en la moqueta de la selva feraz.
-
Congregadores de numerosos jerifaltes en mesas circulares de caoba,
conocéis de la vida el resplandor metálico de las vajillas de oro y plata 
y el bailoteo de sus brillos en las terrazas a los soles de los mediodías 
pero ¡ojo! las viandas y las bebidas las acarrean sirvientas en bandejas.
-
Y he aquí que aquel que silvaba ufano y orgulloso de su poder manual, 
dicen, ya no tiene dinero en las manos para transformar el agua en vino.
Y he aquí que los reunidos se quedan con sus relámpagos ciegos mirando,
tristes, hoscos, reflexivos como el congregador de los jefazos del mundo.
-
Y a mi que me es indiferente la certeza de su mano cercenada. ¡Qué cosa!
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