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Iswe Letu: Ida y vuelta

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Por Iswe Letu 

Llevaba días, sumido en profundas reflexiones, preocupándome por el porvenir de la humanidad y por mi propio porvenir. Era muy joven y me creía sólo, volando con mis ideas, como ave en el cielo. Pero en la soledad más absoluta, -pensaba- no puede uno ser feliz porque le carcome a uno por dentro.

Y, de pronto, no sé por qué, quizás porque el vuelo de otras aves distrajeron mis pensamientos, mandé todo hacia las cavernas del olvido y salí al viento suave de la primavera hallando de paso una solución trivial, una salida extemporánea, un refugio cinegético: ¡la caza!.

--¡Basta de rendirse a la tristeza! -me dije con esa alegría estúpida con que el joven irreflexivo zanja las cuestiones.- "A buscar pájaros voy. // Y conmigo llevo las ganas. // En una mano la trampa // y en otra el dardo y la malla." -fui cantando con gran alegría por el camino.

Y en esto, apareció ella. Ella que era todo un jardín arbolado, fragante y florido. Bajo su enramada me paseo. El murmullo de las hojas movidas por el viento era tan dulce, como el sabor de sus labios. Pero he guardado respetuoso silencio, sin revelar a nadie, por pudor, la más mínima palabra.

Luego al agua nos deslizamos, decididos a amarnos y a mantener el secreto de nuestra  amistad eternamente. Éramos jóvenes de altas y firmes diligencias. Y del agua salimos, tras varias zambullidas jubilosas, con el pez encarnado entre sus dedos; quien brillando temblaba entre sus dedos.

¡Ah!, jamás me cansé de repetírtelo; y no creas que era un sonsonete desgastado e insincero: eras, para mi, un jardín arbolado, fragante y querido.

Bien sabes que bajo tu enramada, dichoso me paseé; y que siempre guardé respetuoso silencio, sin divulgar palabra alguna, ni gesto tan siquiera.

--"A cazar pájaro fui. // Y conmigo llevé las ganas. // Y en una mano la trampa // y en otra el dardo y la malla." -volví a cantar recordándolo.

¡Qué alegría, qué gozo inmenso, cuando apareció la luz de tu mirada en la penumbra; tú que eras un jardín frondoso, fragante y querido por demás.

Suelo decir muy a menudo: a la melancolía, ¡nunca más me rendiré! Eso, hace algún tiempo. Rompió el círculo la cacatúa acabando con el silencio del jardín.

Ahora vuelvo a sumirme, repetidas veces, en profundas y abstrusas reflexiones, por el incierto porvenir de la humanidad y por mi propio y negro porvenir.

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