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Jugar, brincar con las libélulas

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brincar con las libélulas

Erase una vez El Amante de jugar con las libélulas... Estaba allí cuando el Angel Armado expulsó a nuestros Ancestros... Pero era El Amante de brincar con las libélulas... Y como su madre le había puesto una flor de verbena en la niña de sus ojos... Al ver al Angel Armado, exclamo:

-¡Paz, sobre los hijos del verano con cabellos de canela! ¡Muerte a los que nos impidan regocijarnos! ¡Paz, paz y paz! ¡Paz, siempre paz, hasta las noches llenas de ortigas, gritos y cuchillos!, ¡paz, paz y paz!.

Y como era El Amante, siguió gritando paz, miles de veces, hasta enronquecer. Y... Y así fue pasando el tiempo: gritando y brincando.

Mas, como la inocencia traicionada prolonga la tortura, ahora no tiene libélulas con las que jugar, retozar, enredar... como queráis decirlo... brincar...

Ni libélulas con las que brincar..., ni donde caerse muerto. Y... colorín colorado... Cuando muera... Cuando muera, eso si... Irá a establecerse... En la casa de los dioses de las fosas.

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