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Kateb Yacín: Flor de Blida (*)

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La flor de Blida (*)

De Kateb Yacín

(versión libérrima de José Mª Amigo Zamorano a partir de una traducción de Rogelio Martínez Furé)

En memoria de mi progenitora
flor negra del sanatorio
donde Frantz Fanon obtuvo su luz
de lleno en plena frente
la flor del sanatorio
la que bajó de su ramaje
y se ausentó


Aparecía horrible a la mirada por principio
siempre golpeada negándole el color de su tez
nos adornábamos con ella como con un lujurioso pañuelo hereditario

y nos atendía desconcertada
como caránganos maniobrando
nos violentaba su aroma de pueblo en ciernes
por su insólita mezcolanza
pero ella nos amenazó
desde el fundamento de su acongojado peregrinaje
penetrada o respirada
volcaba sobre todos nosotros
su amor de flor negra desolada
y estábamos sujetos a su sencillo orgullo
mientras que volaba pétalo a pétalo
nieve sucia y ardiente
humilde ceniza acumulando afrentas
exhibida por propia iniciativa a todas las recaídas
dilapidada a los cuatro puntos cardinales.

¿Llegaba ella a esta habitación?
Llegaba.
Barragana enredadora
musica reconfortante
cubierta al final de su estela
del casco sobrecogedor de la diosa militante
era ella la hembra entrevista de la terraza
la desconocida del sanatorio
la prostituta enviada al Nador
la fingida bar-maid entre los pieds-noirs
la desmemoriada, que no se puede hallar, de la isla de los lotófagos
y la morisca colocada en subasta
a balazos
en una acelereda y turbulenta
y diabólica disputa argelo-corsa
y la flor polvorienta al fondo del fónduk
en fin... la bestial hembra sacrificando su único vástago
y mirándolo cómo pelea a cuchillo
¿Bestial?
Si
su maldad natural había reaparecido
faz dura tersa acerada
ya no éramos lo suficiente machos para ella
sombría muda y polvorienta
el labio pálido, el párpado hinchado,
ojo apenas entreabierto, la mirada perdida
bajo la espesa llama roja echada sobre su espalda
pantalón largo y atado a los tobillos
y el revolver bajo el seno
con el papelucho y la torta quemada

Con un suspiro, extrañanamente, hallaba de nuevo el collar de ámbar que mordía o mas bien machacaba, pensativa, y cogiendo el laùd cascado de su último admirador, Faz de Presidio, que anunciaba su nombre de celda en celda, sin mencionar a Murad y sin hablar del baño, ni del ciego, un tal Mustafá, que perseguía su nombre en otra prisión, él que sin embargo había cruzado las puertas, pero ignoraba que era libre.
Entonces no éramos mas que su camada increpada a mordiscos
con una rabia divertida y casi maternal

Sabía bien
ella
a cada nacimiendo del Creciente
lo que es transportar en secreto su amargura
sabía bien
ella
en sus senos cubiertos de torbellinos
lo que representaba nuestra hambruna

¿Podía
surco ya señalado
no llorar a flor de piel
la estación de las sementeras?
Hasta en su desgarradura de rocalla
¿Podía desconocer cómo se malogran los torrentes surgidos de los manantiales de la infancia prisioneros de su peligroso y exuberante origen sin amor ni trabajo?

Hontana sangrienta, leche y llanto, sabía por naturaleza, ella, cómo habían surgido, cómo habían rodado por tierra, y cómo caerían de nuevo, llegados a la salvaje conciencia, sin protección, explotadas como bombas, quemados uno contra otro, enfriados en la ceniza de la hoguera nativa, sin llama ni calor, desterrados.


Kateb Yacín (1)

(*) Centro administrativo y comercial situado en la línea del ferrocarril Argel-Orán. Se encuentra a 48 km al suroeste de Argel (Argelia), sobre la llanura Mitidja, en medio de una zona productora de frutas cítricas y de vino. También tiene algo de industria ligera y es centro productor de harina, aceite de oliva y jabón. Su población es de 195.000 habitantes.

(1) Consultar en: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/y/yacine.htm

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